El hombre se acercó un poco más.
“Yo era ese niño.”
Rosa abrió los ojos.
“No puede ser.”
Él asintió lentamente.
“Éramos aquellos niños… los que estaban debajo del puente.”
Las manos de Rosa empezaron a temblar.
Décadas atrás, cuando apenas tenía dinero para sobrevivir, había encontrado a varios niños viviendo cerca de un viejo puente.
Durante meses les llevó comida.
Agua.
Ropa.
Nunca pidió nada a cambio.
Luego, un día, los niños desaparecieron.
Rosa pensó que jamás volvería a verlos.
El hombre sonrió.
“Usted nos alimentó cuando nadie más lo hizo.”
Rosa comenzó a llorar.
“¿Qué pasó con ustedes?”
Él miró los vehículos negros detrás.
“Sobrevivimos.”
Luego señaló a los otros dos hombres.
“Ellos también estaban allí.”
Rosa se llevó una mano a la boca.
Los tres habían regresado.
No para cobrar una deuda.
Sino para encontrar a la mujer que, décadas atrás, les había dado una oportunidad cuando no tenían absolutamente nada.
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